
Por: Isabel San Martín Erice. Enfermera educadora en diabetes. ANADI.
Los días 13 y 14 de febrero asistimos en Bilbao al encuentro Highlights de Educación en Diabetes, un espacio de actualización dirigido a profesionales sanitarios donde se compartieron evidencias científicas y herramientas prácticas aplicables a la consulta… y también a la vida real de las personas con diabetes.
Desde ANADI queremos acercaros algunos de los temas más relevantes de las charlas que tuvieron lugar.
Diabetes y Deporte: más allá del “haz ejercicio”
La Dra. Olga López Torres abordó una idea clave: no todo movimiento es igual, pero todo movimiento suma en Diabetes. Recalcó cómo el binomio NEAT (actividad física no planeada, por sus siglas en inglés) + ejercicio, es la mezcla perfecta para mantener glucemias en rango. El mensaje que transmitió fue claro: evitar el sedentarismo en el día a día es tan importante como entrenar.
La Dra López-Torres diferenció entre:
- Actividad física no planificada (NEAT): subir escaleras, caminar, levantarse con frecuencia, moverse en casa o en el trabajo.
- Ejercicio planificado: entrenamiento estructurado con objetivo de salud o rendimiento.
Y mostró como la evidencia científica demuestra que:
- A mayor cantidad de ejercicio no planificado como, por ejemplo: pausas activas, evitar sedentarismo, subir escaleras en tu día a día, caminar, etc., supone una mayor capacidad muscular para almacenar el glucógeno.
- Más ejercicio estructurado supone más masa muscular lo que deriva en una mejor sensibilidad a la insulina.
- Los días con ejercicio hay más tiempo en rango (TIR) y una menor glucemia media.
- A mayor número de pasos (7.000–10.000/día), menor necesidad de insulina en personas con DT1.
En su charla, también nos habló de un tema que suele generar dudas a las personas con diabetes: ¿cuál es el mejor ejercicio en diabetes? La respuesta no es única, y como casi siempre en diabetes la respuesta sería: “depende”. Depende del tipo, intensidad y duración del ejercicio; y mostró las particularidades de cada uno de ellos:
El ejercicio aeróbico continuo (caminar, correr suave):
- Tiende a ser hipoglucemiante.
- Riesgo de hipoglucemia tardía (hasta 24 h).
- Útil en ayunas o como base del entrenamiento.
HIIT/deportes de equipo
EL HIIT es un entrenamiento interválico de alta intensidad. Se trata de un ejercicio que alterna ráfagas cortas de trabajo cardiovascular/fuerza a máxima intensidad con períodos breves de descanso o baja intensidad
- Puede ser inicialmente hiperglucemiante por respuesta hormonal.
- Alta demanda metabólica posterior (EPOC).EPOC significa Excess Post-Exercise Oxygen Consumption (Consumo Excesivo de Oxígeno Post-Ejercicio).En términos sencillos: es el gasto energético extra que el cuerpo mantiene después de terminar el ejercicio, mientras vuelve a su estado basal. Aunque ya hayas parado, tu cuerpo sigue trabajando. Esto ocurre porque, después de entrenar, el organismo necesita: reponer glucógeno muscular, reparar fibras musculares, normalizar hormonas (adrenalina, cortisol…), restaurar niveles de oxígeno en tejidos y regular temperatura y frecuencia cardiaca. Y todos estos procesos, claro, consumen energía que provienen en mayor medida de la glucosa.
- Mejora sensibilidad a la insulina y VO₂max con menos tiempo de entrenamiento.
Ejercicio de fuerza:
- Suele ser hiperglucemiante agudo, pero mejora composición corporal y sensibilidad insulínica.
- Reduce riesgo de hipoglucemias a medio plazo.
La conclusión parece clara: combinar fuerza y ejercicio aeróbico ofrece el mejor equilibrio glucémico y metabólico.
Por último, propuso un algoritmo práctico basado en cuatro preguntas que plantearse antes de empezar a realizar ejercicio:
- ¿Cuánta insulina activa tengo?: este punto es importante porque la insulina activa es el principal determinante del riesgo de hipoglucemia, más que el tipo de ejercicio en sí.
- ¿Qué dicen las flechas del sensor?
- ¿Qué tipo y duración de ejercicio voy a hacer?: teniendo en cuenta lo que sabemos de cada tipo de ejercicio.
- ¿Qué demanda post-ejercicio (EPOC) espero?
El ejercicio complica el control glucémico… pero los beneficios superan con creces las dificultades. El miedo o la pereza no deberían ser excusa.
“Con las manos en la mesa”: Alimentación y diabetes sin miedo
En el segundo taller, impartido por las profesionales de La Mesa Azul: Rocío Maraver y Karla Meneses -ambas dietistas/nutricionistas- se puso el foco en algo que a menudo se olvida: no es lo mismo comer saludable que tener una relación saludable con la comida. El abordaje de este tema, a menudo complicado para las personas con diabetes, se realizó desde cuatro ejes que los/as profesionales de salud debemos tener en cuenta a la hora de acompañar a las personas con diabetes:
La relación con la comida
El diagnóstico de diabetes cambia la forma de mirar la alimentación. Se producen cambios emocionales pasando del placer por la comida a la preocupación por su impacto en el cuerpo. Al inicio, la comida puede dejar de ser algo espontáneo y convertirse en una fuente de ansiedad, provocando emociones como: miedo, a “hacerlo mal” a las hipos/hiperglucemias; culpa, al comer ciertos alimentos; sensación de pérdida, “ya no puedo comer como antes”; hipervigilancia y/o conductas evitativas hacia eventos sociales. La comida pasa a ser una variables clínica. Aparecen números (glucocentrismo).
Desde La Mesa Azul se defendió un enfoque centrado en la persona que implique la escucha sin juicios, el lenguaje no estigmatizante, el respecto a las preferencias alimentarias de las personas y un profundo entendimiento y consideración del contexto social y emocional de la persona con diabetes. La idea que debe permanecer es que: cuanto mejor sea la relación con la comida, mejor gestión de la diabetes se tendrá.
Hidratos de Carbono: cómo contarlos y cocinarlos
Se revisaron herramientas prácticas para el contaje para evitar lo que ellas denominaros: “pico elefante”: una forma gráfica de describir una subida de glucosa grande y sostenida después de comer, que en la curva del sensor recuerda al perfil redondeado de la cabeza de un elefante y caracterizado por: una subida progresiva en la primera hora, un pico elevado a las 1,5–2 horas. A veces se mantiene alto o incluso termina más alto que el punto de partida y puede ir seguido de una bajada si se corrige en exceso. Este tipo de picos pueden ocurrir por varias causas: un error en el contaje de los hidratos de carbono o un ratio insulina/hidrato mal ajustada (aunque el conteo sea correcto, puede que la ratio esté desactualizada). También, una insulina administrada demasiado tarde (justo al empezar a comer o después) ocasiona que los hidratos empiezan a subir la glucosa antes de que la insulina actúe, se genere un pico alto inicial, y luego una bajada brusca. Otro posible motivo de este tipo de picos puede ser una subestimación de alimentos “invisibles” como salsas, panes adicionales, bebidas, rebozados, aceites en exceso… No todo pico significa “he comido mal”. Muchas veces significa: necesito revisar mi contaje, mi ratio ha cambiado, debo ajustar el tiempo de espera o mi sensibilidad no es la misma que hace meses. El pico elefante no es un fracaso: es información.
Pero no solo importa la cantidad, sino también, el índice glucémico de los alimentos (IG, entendido como la velocidad con la que un alimento que contiene hidratos de carbono eleva la glucosa en sangre tras su consumo indicando no cuánto sube, sino cuán rápido sube la glucemia. Señalaron, de manera muy descriptiva, cómo hay alimentos de IG alto que generan picos rápidos y que provocan en las gráficas lo que ellas denominan: “pico dromedario”. Algunas estrategias que dieron para reducir este tipo de picos y el impacto de los alimentos en la glucemia fueron:
- Elegir siempre que sea posible cereales integrales.
- Añadir fibra, proteína y grasa saludable en cada una de las comidas
- Cambiar orden de ingesta: verdura-proteína-hidrato de carbono
- Aplicar insulina con el tiempo adecuado.
El efecto de grasas y proteínas
Durante años el foco ha estado casi exclusivamente en los hidratos de carbono. Sin embargo, en el taller se insistió en algo clave: no todas las subidas de glucosa se explican por los hidratos. Las comidas ricas en grasas y proteínas pueden modificar la respuesta glucémica de forma diferente y, sobre todo, más tardía. Uno de los puntos más interesantes fue el llamado “pico caracol” caracterizado por: comidas ricas en grasa y proteína que pueden mantener la glucosa estable al principio (1 ó 2 horas tras la ingesta), pero provocar subidas tardías (3–5 h después) y en ocasiones mantenimiento elevado durante varias horas. Esto ocurre en comidas como:
- Pizzas.
- Hamburguesas con pan.
- Cenas con carne grasa + aceite + frutos secos.
- Picoteos tipo queso, embutido, frutos secos.
- Comidas ricas en proteína animal en cantidad elevada (como en las barbacoas)
Se subrayó que no todas las proteínas suben la glucosa y que no todas las grasas generan un pico tardío. El “pico caracol” depende de: la cantidad total ingerida, combinación con hidratos, el momento del día de la ingesta, y la sensibilidad individual a la insulina
Por ejemplo: una ración habitual de proteína (20–30 g) en una comida equilibrada no suele provocar grandes alteraciones; pero ingestas elevadas (por ejemplo, >40–50 g de proteína sin otro nutriente que la acompañe) sí pueden generar subida progresiva.
Miedo a la hipoglucemia: una realidad frecuente
En el taller de La Mesa Azul, el cuarto eje sobre el acompañamiento a las personas con diabetes en los aspectos relacionados con la alimentación no fue un nutriente, sino una emoción: el miedo a la hipoglucemia. Y no es un miedo pequeño, es u n miedo muy potente porque la hipoglucemia es imprevisible, puede ser sintomática y angustiante, puede ocurrir en público, conduciendo, haciendo ejercicio o durmiendo, lo que genera una sensación de descontrol. El miedo no es irracional. Es una respuesta de protección. El problema es cuando empieza a condicionar decisiones diarias. ¿Qué ocurre cuando este miedo a la hipoglucemia dirige las decisiones sobre la alimentación? En este contexto, se describieron patrones muy frecuentes como: el permanecer “un poco más alto” para sentirse seguro/a, sobrecorregir bajadas comiendo más de lo necesario y provocando hiperglucemias posteriores, comer “por si acaso” y evitar ejercicio, entre otras. Priorizar seguridad frente a calidad de vida, puede provocar, en términos de control glucémico: una mayor variabilidad glucémica, una sensación de culpa posterior y más ansiedad.
Lo fundamental en estos casos es individualizar caso por caso y tener las cantidades claras. Un ejemplo orientativo que propusieron:
- 1 ración (10 g de HC) puede subir entre 35–45 mg/dl (aproximadamente, según persona).
- Diferenciar entre <70 mg/dl real y 80–90 mg/dl con flecha descendente.
- Elegir hidratos de rápida absorción cuando toca.
- Evitar mezclar inmediatamente con grandes cantidades de grasa que retrasen la absorción.
- Después de corregir, esperar.
- No volver a comer por ansiedad antes de que el hidrato haya hecho efecto.
Como enfoque se propuso no tratar de quitar el miedo sino entenderlo y dar herramientas concretas a la persona con diabetes para manejar las hipoglucemias de manera segura, como, por ejemplo: repasar la fisiología digestiva para generar confianza, proporcionar ejemplos claros de actuación, evitar el lenguaje culpabilizador y tener como objetivo no solo mejorar las cifras, sino también reducir la ansiedad.
La transición de pediatría a adultos
Este fue uno de los primeros temas abordados: la transición de adolescentes con diabetes desde las unidades pediátricas a la atención en adultos. En esta mesa redonda participaron enfermeras de cuatro comunidades autónomas: Marta Camarena – Enfermera Educadora Hospital Universitario de Galdakao-Usansolo (Bizkaia), Elisa Oliván – Enfermera Educadora Pediátrica Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza), Laura Francisco – Enfermera Educadora Pediátrica Hospital Universitario de Navarra Virgen del Camino (Pamplona) y Pilar Calvo – Enfermera Educadora Hospital Universitario de San Pedro (Logroño)
Cada una de las enfermeras educadoras participantes expuso el modelo de transición de realizado en sus hospitales y las participantes tuvieron la oportunidad de compartir las experiencias en sus propios hospitales. Se destacó que no es solo un cambio de médico o de hospital. Es un momento vital complejo en el que hay una mayor autonomía, pero también más responsabilidad. Se producen cambios vitales ( como el inicio de los estudios universitarios o vida laboral) hormonales y emocionales, con el consiguiente riesgo de pérdida de seguimiento en la edad adulta.
Los equipos insistieron en la importancia de preparar la transición con tiempo, la necesidad de trabajar la autogestión progresiva y la coordinación de los equipos pediátricos y de adultos, y, en lo que debería ser prioritario para todos los profesionales, la escucha activa de las necesidades y preocupaciones de los/as jóvenes.
Cómo mejorar la empatía con los pacientes
El taller que cerró las jornadas fue el impartido por Iñaki Lorente, bajo el título: Cómo mejorar la empatía con los pacientes. Su propuesta fue clara: cambiar el lenguaje para humanizar la experiencia de la persona con diabetes en consulta.
Lorente señaló cómo el lenguaje que usamos influye directamente en la vivencia y el estigma de la diabetes ya que éste configura cómo miramos y tratamos a los demás, teniendo un impacto en la empatía clínica y social. Invitó a comprender sin juzgar en la consulto mediante la escucha activa y la aceptación de las emociones sin valoración negativas de éstas. Entender la experiencia de vivir con diabetes desde dentro y la capacidad de comprender realmente la situación de la otra persona, sin interpretarla desde la propia perspectiva profesional o técnica, es lo que él define como empatía en diabetes.
Insistió en que la diabetes es más que cifras de glucemia, sino que afecta pensamientos, emociones, rutinas y relaciones. Esto subraya que la empatía incluye reconocer el impacto psicológico de la diabetes (ansiedad, frustración, miedo, fatiga emocional).
¿Qué significa esto para mejorar la empatía en la consulta? Mejorar la empatía implica:
- Escuchar más, hablar menos
- Preguntar antes de asumir.
- Validar sentimientos y experiencias.
- Usar lenguaje no estigmatizante
- Evitar términos culpabilizadores o que simplifiquen la experiencia.
- Optar por expresiones centradas en la persona.
- Reconocer lo emocional y lo técnico
- Integrar aspectos emocionales y psicológicos en la educación terapéutica.
- Acompasar la explicación técnica con comprensión emocional.
- Incluir a la persona como protagonista
- No imponer soluciones, sino cocrear estrategias según valores, vivencias y preferencias.
En definitiva, las Jornadas de Bilbao nos recordaron algo esencial: la educación en diabetes va mucho más allá de cifras, algoritmos o técnicas. Movimiento, alimentación, tecnología, transición a la vida adulta y empatía forman parte de un mismo enfoque integral donde la persona debe situarse siempre en el centro. Comprender cómo responde el cuerpo, pero también cómo vive, siente y decide cada persona con diabetes, es lo que realmente marca la diferencia. Desde ANADI seguimos apostando por una educación basada en la evidencia, sí, pero también en la escucha, el respeto y el acompañamiento, porque vivir con diabetes no es solo controlar la glucosa: es aprender a convivir con ella con autonomía, confianza y calidad de vida.

