Las Standards of Care (Estándares de Cuidados) en Diabetes de la American Diabetes Association (ADA) son el conjunto de recomendaciones clínicas basadas en la mejor evidencia científica disponible que guían la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento integral de las personas con diabetes. Estas guías se actualizan anualmente para mejorar la calidad y la equidad de la atención y se han consolidado como una referencia internacional para orientar la práctica clínica y la toma de decisiones compartida en diabetes. Cada actualización anual no pretende “cambiarlo todo” de la guía anterior, sino integrar la evidencia más reciente y ajustar recomendaciones para que sean más aplicables, seguras y equitativas. El objetivo de este artículo es comparar los Standards of Care del año 2025 y los Standards of Care 2026, recientemente publicado, en los dominios abordados. Se pretende acercar qué se mantiene, qué se matiza y qué cambia de forma sustantiva

Diagnóstico y control de la diabetes: anticiparse, personalizar y prevenir complicaciones

La ADA 2026 enfatiza en la realización de un diagnóstico más precoz, más preciso y contextualizado, incorporando el riesgo individual, la progresión de la enfermedad y los factores clínicos que modifican la interpretación de la glucosa. Aunque tradicionalmente la prevención se ha asociado a la diabetes tipo 2, la ADA 2026 introduce un cambio conceptual importante respecto a la DT1, centrado en la detección precoz, la estratificación del riesgo y la intervención temprana. La diabetes tipo 1 se entiende como un proceso progresivo.  

El documento de 2026 refuerza el modelo de estadios evolutivos de la DT1, reconociendo que la enfermedad comienza mucho antes del debut clínico, planteando un enfoque que permite anticiparse al debut clínico.  

  • Estadio 1: Presencia de autoanticuerpos, normoglucemia y ausencia de síntomas. 
  • Estadio 2: Autoanticuerpos + alteración de la glucosa (disglucemia), aún sin síntomas. 
  • Estadio 3: Diabetes clínica manifiesta. 

Respecto al cribado de autoanticuerpos la recomendación es en: (1) familiares de primer grado de personas con DT1, (2) personas con alto riesgo genético y (3) contextos de investigación o programas estructurados. El objetivo no es solo diagnosticar antes, sino: reducir el riesgo de debut en cetoacidosis, preparar a la persona y a la familia y permitir seguimiento clínico anticipado. En cuanto a la prevención en DT2, se insiste en que no es inevitable y que una intervención temprana, estructurada y mantenida en el tiempo puede prevenir o retrasar significativamente su aparición, así como reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares y metabólicas. La detección activa de personas con alto riesgo (Prediabetes, obesidad o sobrepeso, antecedentes de diabetes gestacional, historia familiar de diabetes y/o sedentarismo o síndrome metabólico), son las más beneficiadas en recibir un cribado sistemático y seguimiento periódico. Las intervenciones sistemáticas sobre estilos de vida y la reducción de entre un 5–7 % de peso corporal puede reducir de forma significativa el riesgo de progresión a diabetes tipo 2. 

Sobre el control glucémico, las recomendaciones de 2026 indican que éste debe ser individualizado, seguro y centrado en la persona, priorizando la prevención de hipoglucemias y la calidad de vida frente a objetivos rígidos. Se refuerza la idea de que la hipoglucemia y la carga del tratamiento pesan más que la cifra de HbA1c en la toma de decisiones. Los estándares de 2026 mantienen como referencia general: HbA1c < 7 % para la mayoría de los adultos, objetivos más estrictos (<6,5 %) para personas jóvenes, sin hipoglucemia y con larga esperanza de vida. Los objetivos más laxos (<7,5–8 %) quedan para personas mayores, personas con comorbilidades, con riesgo elevado de hipoglucemia y/o con fragilidad o deterioro cognitivo. En cuanto al Tiempo en Rango (TIR), queda consolidado como un objetivo clínico central cuando se utiliza monitorización continua de glucosa (MCG). Se mantiene el objetivo general ≥70 % del tiempo entre 70–180 mg/dl, objetivos de seguridad: <4 % del tiempo <70 mg/dl y <1 % del tiempo <54 mg/dl 

Educación terapéutica: más estructura y más “continuidad”

En los Standards of Care 2026, la educación terapéutica en diabetes (DSMES, por sus siglas en inglés) se consolida como un pilar central y continuo del abordaje de la enfermedad, no limitado al momento del diagnóstico. La guía refuerza que debe ofrecerse de forma periódica a lo largo del curso vital, especialmente ante cambios clínicos, dificultades en el control, aparición de complicaciones o situaciones que interfieran con el autocuidado. Se enfatiza que la DSMES debe ser personalizada, culturalmente adaptada y coordinada con el resto del equipo sanitario, incorporando estrategias conductuales que favorezcan la adherencia y el cambio sostenible de hábitos. Además, se reconoce explícitamente el valor de los formatos presenciales y digitales, así como la necesidad de integrar la educación terapéutica dentro de un modelo de atención continuada centrado en la persona. 

Tanto en 2025 como en 2026 posicionan DSMES como eje para empoderar y sostener conductas de autocuidado. En 2026 se refuerza el enfoque de “ciclo vital” y continuidad: DSMES se recomienda en el diagnóstico, al menos anualmente, cuando no se alcanzan objetivos. Los Standards of Care 2026 subrayan la importancia de identificar las circunstancias clínicas, emocionales o sociales que dificultan el manejo diario de la diabetes. Estos factores pueden incluir desde hipoglucemias frecuentes o comorbilidades, hasta distrés emocional, barreras sociales o dificultades para utilizar la tecnología. Reconocerlos permite adaptar los objetivos terapéuticos y ofrecer un acompañamiento más realista y personalizado. 

La novedad no es solo hacer educación terapéutica, sino cómo llevarla a cabo: 2026 añade y matiza recomendaciones para usar estrategias conductuales que favorezcan la participación y el mantenimiento de conductas saludables, y para que la DSMES sea cultural y socialmente apropiada, alineada con preferencias y necesidades, y comunicada al equipo asistencial (coordinación). 

Bienestar psicológico, distrés y sueño: el 2026 afina la evaluación sistemática

En 2025 ya se observa un refuerzo del bloque psicosocial, incluyendo herramientas y tablas que conectan preocupaciones psicosociales con resultados en diabetes y, de forma destacada, recomendaciones sobre miedo a la hipoglucemia. 

En 2026 se avanza un paso más hacia la protocolización de la evaluación: 

  • Si el distrés por diabetes no queda adecuadamente abordado en consulta, se recomienda derivación a profesional cualificado. 
  • Se explicita el cribado anual de síntomas de ansiedad y el abordaje por parte del profesional dentro de su ámbito competencial. 
  • Se refuerza el cribado del miedo a hipoglucemias en personas de alto riesgo o con hipoglucemias severas o frecuentes, con derivación a intervención basada en evidencia. 
  • Se incorpora con mayor contundencia la salud del sueño: 2025 introduce el sueño como componente central en prevención y manejo de prediabetes y DM2; 2026 lo convierte en recomendación explícita de cribado en diabetes y en riesgo de diabetes. 

En conjunto, el 2026 fortalece la idea de que el bienestar emocional no es un “complemento”, sino parte del tratamiento, con umbrales y derivaciones más claras. 

Tecnología: el gran salto operativo: monitorización continua de glucosa (MCG) e Infusión Subcutánea Continua de Insulina (ISCI).

MCG de “recomendable” a “por defecto” cuando aporta valor clínico 

En 2025, la ADA amplía el uso de MCG: 

  • Apoya la MCG en tiempo real y la MCG con lecturas sólo al escanear en personas con DT1 y DT2 con cualquier régimen de insulina. 
  • Considera MCG en DT2 con fármacos no insulínicos para mantener objetivos individualizados. 
  • Refuerza la estandarización de informes (AGP, resumen semanal, acceso a datos detallados o crudos). 

En 2026, la guía da un paso más hacia la “normalización”: 

  • Recomienda MCG en el debut y en cualquier momento posterior para infancia, adolescencia y en la edad adulta con terapia con insulina, con fármacos no insulínicos que puedan causar hipoglucemia, y en cualquier tratamiento donde el MCG ayude a la gestión. 
  • Reordena el ecosistema de dispositivos y redefine tipos de MCG: en 2026 se describen como categorías principales MCG en tiempo real, MCG disponible sin prescripción (novedad reciente), y MCG profesional (uso temporal con análisis posterior), y se deja la MCG con lecturas solo al escanear como opción “más antigua” (referenciada, pero ya no central). 

Este cambio tiene implicaciones: el 2026 refuerza que el MCG es una herramienta clínica transversal (no “solo” para DT1 o perfiles complejos) y que se debe acompañar de alfabetización en datos y soporte continuo. 

ISCI: preferencia explícita y menos barreras 

En 2025 se expande y detalla la evidencia sobre bombas y ISCI, y también incorpora de manera relevante la recomendación de apoyo a sistemas open-source closed-loop en quienes los usan (seguridad y continuidad del cuidado). 

En 2026, el posicionamiento es más directo: 

  • Se separan recomendaciones para prescripción/seguimiento de MCG y de ISCI, incluyendo formación inicial y continuada y entrenamiento en uso, resolución de problemas y análisis de datos. 
  • Se establece que ISCI es el sistema preferido para DT1 y para adult@s y niñ@s con DT2 en MDI/CSII/sensor-augmented y otras formas de diabetes insulinodeficiente; y puede considerarse en DT2 con basal si no se alcanzan objetivos. 

En resumen, en este 2026, la ADA 2026 refuerza un modelo de atención individualizado que integra valores personales, contexto social y toma de decisiones compartida como base del tratamiento. La educación en diabetes se consolida como un proceso continuo a lo largo de la vida, especialmente ante cambios clínicos, dificultades en el control o situaciones que afectan al autocuidado. Desde el punto de vista de saluda emocional, el distrés, la ansiedad y el miedo a la hipoglucemia pasan a considerarse parte del tratamiento, con cribado sistemático y derivación a apoyo especializado cuando interfieren en el manejo de la diabetes. La monitorización continua de glucosa en tiempo real se recomienda en cualquier persona en la que ayude a mejorar el control o reducir hipoglucemias, siempre acompañada de educación y apoyo para interpretar los datos. Los sistemas de administración automatizada de insulina se establecen como opción preferente en personas con diabetes tratadas con insulina, eliminando barreras innecesarias y priorizando la formación del usuario. Por último, la guía refuerza la prevención, el abordaje integral de comorbilidades y la reducción de desigualdades, reconociendo el papel clave de los recursos comunitarios y asociaciones en el acompañamiento de las personas con diabetes.  

Los Standards of Care 2026 consolidan un modelo de atención más humano, tecnológico y equitativo, en el que la educación, el acompañamiento y el bienestar emocional son tan importantes como el control glucémico.