
Por: isabel San Martín Erice. Enfermera educadora en Diabetes. ANADI.
El pasado 16 de marzo tuvimos la oportunidad de asistir a un encuentro muy interesante con el Dr. Luis Castaño en el Salón de Actos de Navarrabiomed, al que acudieron numerosas personas interesadas en conocer los últimos avances en diabetes tipo 1. A lo largo de la charla, se abordó el papel del cribado precoz y cómo este enfoque está cambiando la forma de entender, detectar y tratar la enfermedad en sus fases iniciales.
El Dr. Luis Castaño inició su charla con un recorrido por la evolución histórica del abordaje de la diabetes tipo 1 (DT1). Desde el descubrimiento de la insulina en 1921, que permitió tratar la enfermedad como un déficit hormonal, hasta el reconocimiento en 1974 de su origen autoinmune. En las últimas décadas, la investigación se ha centrado en intentar frenar la destrucción de las células beta del páncreas, responsables de producir insulina.
En este contexto, uno de los avances más relevantes ha sido el desarrollo de terapias inmunomoduladoras. En 2019 se demostró que un fármaco anti-CD3 es capaz de retrasar la aparición de la diabetes tipo 1 hasta dos años. Posteriormente, en 2022, la FDA autorizó su uso en fases tempranas, y en noviembre de 2025 la Agencia Europea del Medicamento (EMA) ha aprobado su utilización en Europa, previéndose su llegada a España a lo largo de 2026. Todo ello refleja un cambio progresivo desde un enfoque exclusivamente sustitutivo hacia un modelo más preventivo.
La diabetes empieza antes de los síntomas
Uno de los conceptos clave de la charla fue que la diabetes tipo 1 comienza años antes de que aparezcan los síntomas clínicos. Durante este periodo, que puede durar entre 4 y 5 años, ya es posible detectar alteraciones inmunológicas mediante marcadores específicos, aunque la persona aún no presente signos de enfermedad.
Estos marcadores son los autoanticuerpos pancreáticos, como los anti-insulina (IAA), anti-GAD, IA-2 o ZnT8, que indican que el sistema inmunológico está atacando por error a las células beta. Su detección permite identificar a personas en fases preclínicas de la enfermedad.
¿A quién se recomienda el cribado?
Las principales guías internacionales, como las de la ISPAD y la ADA, recomiendan el cribado especialmente en familiares de primer grado de personas con diabetes tipo 1, ya que presentan un mayor riesgo. También se considera adecuado en personas con alto riesgo genético.
Sin embargo, el Dr. Castaño destacó una limitación importante: solo alrededor del 10% de las personas que desarrollan diabetes tipo 1 tienen antecedentes familiares. Esto significa que la mayoría de los casos quedarían fuera si solo se aplicara el cribado en este grupo.
Por este motivo, se están desarrollando programas piloto dirigidos a la población general pediátrica, como ya ocurre en Italia, con el objetivo de ampliar la detección precoz.
Un proceso que no progresa igual en todas las personas
La progresión hacia la diabetes tipo 1 no es uniforme. En general, es más rápida en niños que en adultos, lo que refuerza la importancia de una detección precoz en edades tempranas. Además, la presencia de múltiples autoanticuerpos se asocia con un mayor riesgo y una evolución más acelerada hacia la diabetes clínica.
El seguimiento de estas personas es fundamental, ya que la positividad de los autoanticuerpos puede aparecer con el tiempo. Actualmente, en población pediátrica se plantean estrategias de cribado en distintos momentos del desarrollo (por ejemplo, a los 3-4 años, 7-9 años y en la adolescencia). En adultos, sin embargo, aún existe menor evidencia sobre el ritmo de progresión.
¿Para qué sirve detectar la diabetes antes de que aparezca?
Aunque actualmente no es posible evitar completamente la aparición de la diabetes tipo 1, sí se puede retrasar su inicio y, sobre todo, mejorar significativamente su debut y evolución.
Uno de los beneficios más importantes es la reducción de la cetoacidosis diabética (CAD) en el momento del diagnóstico. Se estima que entre el 30% y el 35% de las personas debutan con CAD, y que hasta un 15% requieren ingreso en UCI. Sin embargo, los programas de cribado han demostrado una reducción drástica de esta complicación: estudios como ASK, Fr1da, TEDDY o DAISY muestran descensos muy significativos cuando existe detección precoz y seguimiento.
Además, el cribado permite:
- Reducir hospitalizaciones
- Disminuir complicaciones agudas y crónicas
- Favorecer una educación más temprana y menos estresante
- Facilitar el acceso a ensayos clínicos con nuevas terapias.
En conjunto, este enfoque supone un auténtico cambio de paradigma, pasando de un modelo reactivo a uno preventivo.
Programas de cribado: la experiencia europea y española
A nivel internacional, Italia ha sido pionera en implantar un programa de cribado poblacional en niños de entre 1 y 17 años, iniciado en 2024 y actualmente en expansión.
En España, el programa SCREENDIA representa una de las principales iniciativas en este ámbito. Se trata de un proyecto que combina el cribado en familiares de primer grado —ya integrado en la práctica clínica— con programas piloto en población general.
Su implementación es progresiva y desigual según comunidades autónomas:
- País Vasco, donde el programa está más desarrollado
- Madrid, con iniciativas en familiares
- Otras comunidades, como Andalucía, en fase de desarrollo
SCREENDIA se caracteriza por su enfoque multidisciplinar, integrando Atención Primaria, Atención Especializada, laboratorio y equipos de apoyo, lo que permite una atención más coordinada y centrada en la persona.
Situación en Navarra
Después de su charla se abrió un interesante debate conducido por Juantxo Remón, presidente de ANADI y al que se incorporaron la Dra. Goñi y la Dra Chueca en el que se abordó la situación en Navarra. Profesionales del ámbito sanitario señalaron que existe desde hace dos años una propuesta para implementar el cribado en familiares de primer grado, actualmente pendiente de aprobación por parte de la Dirección General de Salud.
A pesar de ello, los equipos ya han desarrollado protocolos, sistemas de registro y programas educativos que permitirían una puesta en marcha rápida. Este enfoque facilitaría una educación en diabetes en un contexto menos emocionalmente cargado, favoreciendo el aprendizaje del autocuidado desde fases tempranas.
Mirando al futuro: ¿es posible la curación?
En el turno de preguntas, el Dr. Castaño apuntó hacia una de las líneas más prometedoras de investigación: el trasplante de células beta derivadas de células madre, combinado con tratamientos inmunomoduladores que eviten su destrucción.
Aunque esta estrategia aún se encuentra en fase de investigación, representa una posible vía hacia la curación funcional de la diabetes tipo 1 en el futuro.
En definitiva, el cribado precoz de la diabetes tipo 1 abre una nueva etapa en el abordaje de la enfermedad, centrada en la anticipación, la prevención y el acompañamiento desde fases muy iniciales. Aunque aún quedan retos por resolver, los avances presentados muestran un horizonte esperanzador en el que detectar antes significa también cuidar mejor y vivir con mayor seguridad.

